Cómo es la escuela argentina en la Antártida

Ticmas entrevistó a María de la Paz Labate y Facundo Silva, maestros de la Escuela N° 38 en la Antártida Argentina. “Ser docente antártico es ser expedicionario en un contexto natural y científico privilegiado”, dicen.

NACIONALES26/02/2025El Glaciar TDFEl Glaciar TDF
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Cómo es la escuela argentina en la Antártida

El silencio, lo blanco, el oleaje, el viento. Las rocas, la ciencia, la fauna y la flora. Las estrellas y la noche. El sol bañando el hielo. La inmensidad de lo humano más allá del territorio y las fuerzas de la naturaleza. Una reflexión que surge cuando se descubre la historia de los docentes que cada año eligen dar vuelta su vida para ir a enseñar a la Escuela Provincial número 38 “Presidente Raúl Ricardo Alfonsín”, en la Base Esperanza de la Antártida Argentina.

La escuela, que lleva ese nombre desde 1997, fue inaugurada el 14 de marzo de 1978 y desde entonces deja su huella en las familias que viven transitoriamente en el continente blanco siendo el espacio de educación para los hijos de científicos, personal de las fuerzas armadas, técnicos y civiles.

Ticmas dialogó con la licenciada y docente de nivel terciario María de la Paz Labate y con el profesor de educación especial y física Facundo Silva; quienes hoy ejercen la docencia en la escuela y trabajan con pasión para continuar con un legado de presencia argentina de más de ciento veinte años en el territorio austral.

 Ser docente y ser antártico

“La docencia es una tarea que conlleva un compromiso y una responsabilidad sumamente genuina con la humanidad y el mundo. Implica actualizaciones permanentes, un trabajo sostenido en red (supervisiones, familias, profesionales externos, relaciones interinstitucionales) y una cuota suficiente de creatividad, ternura y obstinación”, aseguran Labate y Silva.

Y reflexionan: “Ser docente antártico significa cultivar una identidad fueguina y argentina bicontinental. Es una aventura donde lo profesional, lo familiar y lo personal se ve atravesado por experiencias movilizantes que nos interpelan, pero sobre todo, nos enseñan. Nos recuerdan la fuerza de la naturaleza, la importancia del agua, el valor de sostenernos en comunidad, la cooperación necesaria entre distintos países, la soberanía de la ciencia”.

Además sostienen que “ser docente antártico es ser expedicionario en un contexto natural y científico privilegiado. Es asumir el desafío de dotar de intencionalidad pedagógica las vivencias de niños y niñas, que invernan junto a sus familias. Infancias que han tenido que adaptarse a un clima inhóspito y hostil, que han dejado afectos y comodidades en el continente. Infancias que a su vez, disfrutan con cada descubrimiento y comparten con otros niños y niñas del mundo sus hazañas y cotidianidades”.

Las noches largas y los días casi sin noche

La escuela que desde de la década del noventa depende la provincia de Tierra del Fuego y se rige por su calendario académico posee también un Jardín de Infantes llamado “Buque Santa Micaela” y una guardería con el nombre de “Pingüinitos”. Los docentes elegidos son matrimonios legalmente constituidos o unidos de hecho y esto implica una rigurosa selección y la mudanza de una familia, como es el caso de María de la Paz y Facundo que cuando llegaron a la Antártida lo hicieron con su pequeña hija Carmela, que hoy tiene cuatro años.

Pero antes de vivir esa emoción, tuvieron un largo camino: “El proceso de selección resultó una instancia exhaustiva y formativa que duró casi un año”. Y explican: “Idear el proyecto pedagógico ha sido una tarea compleja. El desafío radicaba en ofrecer una propuesta que contemplara los contenidos de los diseños curriculares de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, que pusiera en valor el contexto socio histórico y natural en el cual nos encontraríamos inmersos y que a su vez dialogara con las particularidades y los conocimientos previos de cada estudiante. Como ejes, nos apoyamos en tres de los pilares fundamentales propuestos por el Tratado Antártico vinculados al Cuidado del Ambiente, el valor de la ciencia y la importancia de la Paz y cooperación”.

“Ser guardianes del agua, los cultivos hidropónicos, los registros de las temperaturas y el tratamiento de los residuos resultaron abordajes pedagógicos significativos para reflexionar sobre el cuidado ambiental. Las noches largas y los días casi sin noche fueron un insumo muy valioso para pensar la educación cósmica y jugar con teatros de sombras”, destacan.

Y relatan: “Aunque durante todo el año hemos mantenido intercambios con distintos profesionales de la biología, geografía, paleontología y astronomía, en octubre, la base recibió nuevos integrantes: un equipo de científicos, dependientes de la DNA [Dirección Nacional de Auditoría], que con mucha generosidad, compartieron con nosotros distintas instancias formativas. El estudiantado pudo intercambiar con este equipo, observaciones e hipótesis que habían confeccionado en torno a los skúas [aves marinas] y los pingüinos papúas y adelia”.

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