


Grooming: aseguran que seis de cada diez alumnos fueguinos estuvieron expuestos a situaciones de riesgo en internet
El Glaciar TDFEl caso que conmocionó a Ushuaia, donde un joven de 22 años viajó desde Buenos Aires e intentó ingresar por la fuerza a una escuela para encontrarse con una niña de 12 años a la que presuntamente acosaba por redes sociales, volvió a poner en discusión una problemática que muchas veces permanece oculta: el grooming y los riesgos a los que están expuestos niños y adolescentes en los entornos digitales.
Para Aníbal Lazzaroni, profesor en investigación criminal y especialista en ciberdelitos y prevención del grooming, lo sucedido en la capital fueguina representa apenas una parte visible de situaciones mucho más frecuentes de lo que las familias imaginan.
“Esto es mucho más habitual de lo que creemos. Esto es diario. Y ese es el gran problema”, advirtió durante una entrevista con TVP Noticias.
El especialista aseguró que, de acuerdo con relevamientos que realiza en establecimientos educativos de Tierra del Fuego, seis de cada diez alumnos han atravesado situaciones de acoso o mantenido contacto digital con personas desconocidas.
La cifra fue mencionada como una advertencia sobre el alcance de los riesgos que enfrentan los menores en internet.
Niños de seis y siete años, entre los casos detectados
Uno de los aspectos más preocupantes que describió Lazzaroni es la edad cada vez más temprana en la que pueden producirse situaciones de acoso digital.
Según explicó, en Tierra del Fuego existen denuncias que involucran a niños de apenas seis y siete años, a quienes adultos les solicitan videos de contenido sexual a cambio de monedas virtuales o beneficios dentro de videojuegos.
“Tenemos denuncias de criaturas de seis y siete años de edad a las que les piden videos sexuales para tener moneda electrónica y poder moverse en un juego”, señaló.
La modalidad expone uno de los mecanismos utilizados por los agresores para acercarse a menores: aprovechar espacios de entretenimiento donde los niños interactúan con otros usuarios sin conocer necesariamente quién está del otro lado de la pantalla.
A diferencia de lo que suele imaginarse, el grooming no comienza necesariamente con una amenaza o una solicitud sexual explícita. En muchos casos, el primer contacto se produce a través de conversaciones aparentemente inocentes que buscan generar confianza.
Cómo comienza el grooming: el engaño detrás de los videojuegos
Lazzaroni explicó que quienes cometen grooming suelen construir vínculos a partir de intereses compartidos, especialmente mediante videojuegos en línea, redes sociales y aplicaciones de mensajería.
“Primero es el contacto. Buscar una afinidad para poder hablar con una persona. El groomista va a tratar de encontrar diferentes víctimas con las que se va a conectar”, describió.
En los videojuegos, esa afinidad puede comenzar con una propuesta de ayuda para superar niveles, conseguir recompensas o aprender determinadas estrategias.
El niño encuentra a alguien que aparentemente comparte sus intereses y que, además, lo ayuda a conseguir objetivos dentro del juego.
Ese vínculo inicial puede convertirse progresivamente en una relación de confianza que el agresor utiliza para obtener información personal, trasladar las conversaciones a espacios privados, solicitar imágenes íntimas o ejercer manipulación emocional.
El especialista remarcó que los adultos deben conocer no solo cuánto tiempo pasan sus hijos conectados, sino también con quiénes interactúan y qué tipo de conversaciones mantienen.
El caso de Ushuaia: cuando el acoso digital llega al mundo real
El episodio ocurrido en el Colegio Integral de Educación Ushuaia (CIEU) mostró hasta dónde puede escalar una situación de acoso iniciada en redes sociales.
La investigación judicial indica que el joven de 22 años, identificado como Francisco Álvarez Ruiz, había mantenido contactos reiterados con una niña de 12 años a través de Instagram.
Según los antecedentes conocidos de la causa, utilizaba distintos perfiles para evadir los bloqueos y continuar comunicándose con la menor, cuya familia había presentado una denuncia en julio.
Sin embargo, la situación adquirió una dimensión todavía más grave cuando el sospechoso viajó desde Buenos Aires hasta Ushuaia.
En la puerta del colegio al que asiste la niña protagonizó una violenta secuencia en la que intentó ingresar al establecimiento por la fuerza, mientras docentes y personal de la institución procuraban contener la situación.
La intervención policial permitió detenerlo y la Justicia avanzó con la investigación por grooming y amenazas, entre otros hechos denunciados.
Para Lazzaroni, el desenlace pudo haber sido mucho más grave.
“Agradezcamos que la persona fue retenida y la criatura no salió de la escuela. Pensemos si hubiese sucedido un escenario diferente”, expresó.
El caso también demuestra que el grooming no siempre permanece limitado al espacio virtual. En determinadas circunstancias, el agresor puede intentar trasladar el vínculo construido digitalmente a un encuentro presencial, incrementando el riesgo para la víctima.
Las señales de alerta que deben reconocer las familias
Durante la entrevista, Lazzaroni insistió en la necesidad de que padres y adultos responsables conozcan las dinámicas de los entornos digitales que utilizan sus hijos.
Entre las posibles señales que merecen atención mencionó los cambios repentinos de conducta, la permanencia excesiva frente a las pantallas, el ocultamiento de conversaciones y las modificaciones en la manera de utilizar el teléfono.
También advirtió sobre la falta de controles parentales y la entrega de dispositivos sin configuraciones de seguridad adecuadas para cada edad.
“Los equipos nosotros se los damos a los chicos abiertos como vienen de fábrica. O sea, le damos un celular inteligente y listo, abierto. No, tengo que acotarlo en la edad que tiene el niño”, sostuvo.
No obstante, las señales mencionadas no permiten concluir por sí solas que exista grooming. Su importancia radica en que pueden motivar conversaciones y acompañamiento para detectar situaciones de riesgo.
La prevención también requiere generar confianza para que los menores puedan contar si alguien los incomoda, amenaza, les solicita imágenes o insiste en mantener conversaciones secretas.
El uso excesivo de pantallas, otra preocupación
Lazzaroni relacionó la exposición prolongada a dispositivos digitales con otro fenómeno que observa en las escuelas fueguinas: la falta de descanso entre alumnos de nivel primario.
Según explicó, en relevamientos que realiza periódicamente encontró estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado que duermen apenas cuatro o cinco horas por noche debido al tiempo que permanecen conectados a videojuegos o redes sociales.
“Los chicos no van descansados a la escuela”, advirtió.
Aunque estas observaciones no constituyen un estudio provincial representativo, reflejan una preocupación creciente por los hábitos digitales durante la infancia.
El especialista propuso establecer límites de tiempo, utilizar herramientas de control parental y adaptar progresivamente el acceso a internet según la edad y la madurez de cada niño.
En ese sentido, señaló que la capacidad para utilizar técnicamente un dispositivo no implica necesariamente comprender los riesgos asociados a su uso.
Qué hacer ante una sospecha de grooming
El grooming es un delito contemplado en el artículo 131 del Código Penal argentino. Se configura cuando una persona adulta contacta a un menor mediante comunicaciones electrónicas con el propósito de cometer un delito contra su integridad sexual.
No es necesario que exista un encuentro presencial para que la conducta pueda ser investigada penalmente.
Frente a una situación sospechosa, las recomendaciones son preservar las conversaciones y capturas de pantalla, evitar confrontar directamente al presunto acosador, buscar asesoramiento y realizar la denuncia correspondiente.
También es importante no borrar los mensajes ni eliminar las cuentas involucradas antes de preservar la evidencia.
La Línea 137 ofrece orientación gratuita en todo el país para situaciones de violencia familiar y sexual, incluido el grooming.
El caso de Ushuaia volvió a dejar una imagen difícil de olvidar: un hombre que viajó miles de kilómetros para intentar acercarse a una niña a la que había contactado por internet.
Pero las advertencias de Lazzaroni señalan que el problema no empieza cuando un agresor llega a la puerta de una escuela.
Puede comenzar mucho antes, en una conversación privada, en una partida de videojuegos o en el mensaje de alguien que aparenta ser un amigo. Y puede afectar incluso a niños que todavía están dando sus primeros pasos en el mundo digital.


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